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El diario de Gloria (III parte)

Y la marea me trajo dolor y pena, mis problemas crecen y crecen mientras yo me hago cada vez más pequeña. Mis padres se han divorciado, ahora solo somos 3 viviendo en casa, mamá, mi hermanito Juan y yo, papá se fue a vivir a mil quilómetros de distancia, no es que se fuera huyendo de nada ni de nadie, es que su empresa lo destinó a la otra punta del mapa y ya se sabe, este país es muy grande. A mí me hubiera gustado irme con él  por cambiar de aires, pero nadie me preguntó  por mis preferencias y todavía soy menor de edad, así que tuve que quedarme con mi madre.

Mamá se adapto maravillosamente bien a su nuevo estatus de divorciada, se puso a trabajar de nuevo y empezó a salir mucho de noche sobre todo los fines de semana. A veces, venía acompañada de algún amigo, alguien a quien acababa de conocer esa misma semana o como mucho dos, la compañía le debía de resultar grata ya que el amigo  de turno se quedaba a dormir. Al otro lado de la pared, desde mi cuarto,  podía oír sus risitas y los quejidos característicos que emiten bajo las sábanas los amantes, no recordaba que se riera así con mi padre. Era hasta gracioso ver a través de la ventana de mi cuarto como el amigo de turno salía de casa a primera hora de la mañana, casi a hurtadillas, a medio vestir, con los zapatos en la mano, se sentaba en el  último escalón  y echando una mirada alrededor, se calzaba a toda prisa, luego se ponía de pie, acomodaba bien su corbata y con aire triunfal se metía en su coche, se miraba en el espejo retrovisor, aceleraba y salía de allí dejando una estela de humo y manchas de aceite en la calzada . Esta situación duró varios meses, luego, un buen día dejaron de venir, parecía como si se hubieran esfumado, hasta que un día, al llegar a casa me encontré a mi madre y a mi hermano sentados en el salón y en la butaca de descanso un señor de buena apariencia y aspecto serio que nada más entrar me echó tal mirada que hizo que mi cuerpo temblara de arriba a abajo,  en aquel momento presentí una extraña sensación que no puedo explicar, era como una nube negra que me envolvió de repente, una nube que me cegaba en su negrura, solo podía percibir miedo y muerte. Era el novio oficial de mamá y como tal vendría a vivir a casa y ejercería las funciones de padre, la sola idea de verle todos los días hizo que se me revolviera el estomago, me disculpé diciendo que me sentía mal y me refugié en mi cuarto.

Y  desde que  aquel personaje entró en nuestra  casa, los días se hicieron largos, las noches temibles y el sueño inquieto. Vivía  atemorizada, me sentía vigilada en todo momento, no me gustaba la forma en que me miraba aquel individuo, no decía nada, no insinuaba nada, solo me miraba y sonreía lascivamente. Mamá fue a ver a la abuela con mi hermano Juan, iba  a estar ausente dos días,  hice todo lo posible para que me llevara con ella, pero como siempre mi madre no me escuchó y me obligó a quedarme en casa. Esa noche  mi vida cambió para siempre. El entró en mi habitación, se echó encima de mí  y me violentó. Cuando terminó me dijo que no me molestaría nunca más pero que si se lo contaba a mi madre le haría lo mismo a mi hermano.

Estuve dos días sin salir de mi habitación, perdí completamente mi control emocional, me sentía confusa, dolida, maltratada y humillada, no podía controlar el temblor de mi cuerpo, era incapaz de dormir, no tenía hambre ni sed, los recuerdos del hecho acontecido aquella noche me golpeaban insistentemente, odié el mundo, maldije la vida, hasta pensé en suicidarme pero ni siquiera tuve el valor de profundizar en la idea y rompí a llorar como nunca lo había hecho, lloré amargamente y me quedé en la cama acurrucada como un ovillo, ocultando mi vergüenza, aguantando mi dolor, mascullando palabras sin sentido mientras me atragantaba con mis lágrimas.

La situación no mejoró en absoluto, más bien empeoró y de qué manera. Me sentía terriblemente mal, físicamente digo, pues moralmente no podía estar peor, seguía envuelta en la negrura en la que me había sumergido dos meses atrás. Tenía 17 años y estaba embarazada.

El diario de Gloria (II parte)

 

Marzo 1958

Me llamo Gloria y tengo 16 años, varios  problemas, algunas ilusiones y ninguna esperanza  de resolver mis problemas, soy lo que se puede decir una chica del montón, una chica que vive con sus padres y su hermano pequeño, una jovencita que se ha ganado a pulso la fama de apática, y que cuenta en su haber con otras etiquetas  que me han sido impuestas por personas que nunca en la vida se molestarán en conocerme  y mucho menos comprenderme.  A decir verdad, tampoco es que me importe mucho lo que piensen de mí, lo cierto es que prefiero estar a solas conmigo misma, me gustan mis ratos de soledad por una simple razón, porque yo los escojo, yo decido cuando quiero estar a solas, yo decido que pensar, que hacer, o que no hacer.

Y hablando de pensar, hoy ha sido un jodido día de mierda, largo, frío y lleno de problemas desde que empezó, en primer lugar, hoy hace tres meses que  murió Susana, la única amiga que he tenido, ella me comprendía perfectamente,  siempre estábamos juntas,  yo iba  visitarle todas las tardes al salir del colegio hasta que llegó el día aciago, el día que todos sus sueños y los míos por una recuperación milagrosa se nos escurrió entre los dedos. Susana murió de una cardiopatía congestiva a la edad de 17 años, su corazón se le hizo grande de tanta bondad. Me quedé de nuevo sola y me he refugiado en  este diario que ella me legó, un diario  de hojas blancas como la nieve con una dedicatoria que cada vez que la leo, no puedo evitar el llanto y deambulo de un sitio a otro sumida entre la soledad y la tragedia.

Tengo a Susana metida constantemente en la cabeza, si me siento en una silla la tengo enfrente, cuando me voy a dormir se acuesta a mi lado y hay veces cuando voy por la calle, que extiendo mi mano y cierro los dedos como si hubiese agarrado su mano con la mía y también hablo con ella en voz alta y le cuento cosas, le hablo de muchas cosas, del colegio, de los chicos, de mi madre, le cuento que sigue con la mala costumbre de hacer preguntas cuando todos sabemos perfectamente que le dan igual las respuestas. La situación entre ella y mi padre también sigue igual, no hacen más que dejarse notas en la nevera los últimos meses, tanto es así que nuestra nevera parece un escondrijo de espías.

Recuerdo cuando me decías que mis padres son como el vinagre y la crema, una unión imposible, ¡qué razón tenías! La verdad es que no entiendo como siguen juntos, cualquier día de estos nos  dan la noticia que se separan, lo veo venir, creo que mi casa es un lugar donde no pueden existir los finales felices, a veces me pregunto si fueron realmente felices alguna vez o solo edificaron su vida sobre un puñado de espejismos. Pero basta de hablar de ellos, la pena es un lujo que no puedo permitirme si quiero seguir adelante y quiero seguir escribiendo en este diario que tuviste a bien regalarme, creo que es la única forma de saber que no estoy sola, escribiendo y escribiendo con la esperanza, que el tiempo se lleve este dolor que me embarga desde que te has ido.

Ya estoy llorando de nuevo, y si sigo escribiendo no podré evitar que  mis lagrimas mojen el papel y lo emborronen, así que por hoy lo dejo, mañana será otro día y quien sabe que me traerá la marea.