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La tía Martina
No siempre recuerdo mis sueños, pero sueños como los que tuve anoche no son fáciles de olvidar. No se trata de ningún sueño traumático, son simplemente cosas que se recuerdan o se sueñan en esos momentos tan especiales, como los del amanecer, esos momentos en el que no distingues bien si estas dormido o despierto, cuando vislumbras alguna sombra, o cuando intuyes alguna presencia, quizás un susurro, o algo que acaricia nuestra mejilla y que no podemos definir.
De pronto, me vi rodeada de esas presencias de rostros familiares que me miraban muy fijamente y me sonreían abiertamente. Estaban alegres y dicharacheras, hablaban todas a la vez, recordando vivencias pasadas, historias y secretos familiares hasta entonces ocultos.
Entonces tomó la palabra una de las presencias. Al principio, me fue difícil reconocerla a pesar que su rostro me era muy familiar, ¡¡claro que si!! Era la tía Martina, había visto su foto en los álbumes que había en casa de la abuela. La tía Martina, aquella señora alta y delgada y de aspecto tan distinguido que murió cuando yo apenas era una niña.
La tía Martina empezó a contarme su historia, me contó como la dejaron plantada ante el altar, y entre su vergüenza y humillación por el abandono, entre los murmullos de la gente, sólo alcanzaba a oír “la dejaron compuesta y sin novio”. Me contó como salió de la iglesia, con la cabeza gacha y la espalda encorvada. Como llego a casa, se encerró en su cuarto, abrió la cortina y clavó sus tristes y llorosos ojos azules, en aquel mar tan calmado que divisaba desde su ventana.
Me habló de lo desvalida que se sintió, de los sentimientos de abandono y desamparo que invadieron su alma afligida, de la soledad de su amor, de los tristes recuerdos que le quedaron del día de la boda, de aquel día que amaneció como el más feliz de su vida y terminó con su existencia encogida.
Me contó como a los dos días se presentó el novio en su casa, llorando y pidiendo perdón,
- ¿qué te pasó?, le preguntó casi sin voz,
- tuve miedo le contestó-, de repente, el miedo me invadió y casi a medio vestir, eché a correr sin rumbo fijo, llegué hasta la playa, me lancé al agua, y ahogando mis sentimientos de culpabilidad en cada brazada, nadé hacia mar abierto. Tu recuerdo me impulsó a dar la vuelta y nadar de nuevo hacia la orilla, y cuando llegué, me refugié entre las rocas y allí sentado, mirando hacia el horizonte, me dí cuenta de mi error y eché a llorar como un niño.
La boda se celebró días después. Todo el pueblo se reunió en la iglesia. La tía Martina me contó que tenía mucho miedo de que sucediera lo mismo que días atrás, pero no fue así, esta vez, cuando entró en la iglesia, el novio estaba esperándola al pie del altar.
Fin de semana de infarto
Y nunca mejor dicho, pues eso ha sido, un fin de semana de infarto.
Empezó el viernes 30 de Octubre por la mañana, Luismi se va a trabajar, siente una ligera presión en el pecho pero no hace caso, piensa que se puede deber a una mala posición al dormir, quizás a un posible resfriado o algo parecido.
Llega al trabajo y la opresión es aún más fuerte. No enciende el ordenador, se sienta en su silla y se queda ahí, como abatido, con esa opresión que aumenta a cada momento y ese desvanecimiento de los brazos que siente se han quedado sin fuerzas. Se levanta y dice, “me siento mal y me voy a casa”, coge el coche y en 10 minutos está entrando en casa, dándome un susto de muerte.
Inmediatamente llamo a una ambulancia y en 6 minutos están en la puerta. De urgencias al hospital, médicos, pruebas, electros, analíticas, 1er. diagnóstico médico: Angina de pecho con posible infarto leve. Hay que hacerle un cateterismo pero debido a unas urgencias de enfermos más graves no se lo pueden hacer hasta el lunes, así que le suben a la planta de semi-intensivos. Entre electros, pruebas, analíticas, pastillas a doquier y una excelente atención médica transcurre sábado y domingo y por fin llega el lunes, el día en que le harán el cateterismo y tratarán de solucionarle el problema poniéndole un stent en la arteria o arterias que estén obstruidas o dañadas.
La sorpresa vino cuando ven que el corazón está fuerte y bombeando que da gusto y que las tres arterias principales están de muy buen ver y muy sanas. Hasta que ven cual es la arteria que está dando problemillas, es la arteria descendente anterior distal llamada Primera Arteria izquierda Diagonal (en el grafico el número nº 8).
Diagnóstico médico:
Enfermedad coronaria severa de 1ª diagonal, de difícil acceso para revascularización.
En principio la revascularización de la misma sería de alto riesgo, probablemente requeriría también tratamiento de DA (para los entendidos) motivo por el que se decide de momento tratamiento médico, y en caso de persistencia de angina podría re-valorarse la necesidad de intervencionismo percutáneo sobre la misma.
Dentro de lo que cabe, Luismi ha corrido con suerte. No tiene colesterol, ni azúcar, ni sufre hipertensión, no fuma, es delgado, y al haber tenido hasta ahora una salud envidiable, ha estado alejado de toda clase de medicamentos. Todo ello, contribuye a que de ahora en adelante, pueda seguir teniendo la misma calidad de vida, claro está, con ciertas reservas y siguiendo al pie de la letra los consejos para cuidar su salud cardiovascular.
Hoy le han dado el alta y ya estamos en casa, tranquilos y muy contentos, y tratando de recuperar esa rutina perdida que ojala y no se hubiera cortado de cuajo el pasado fin de semana.
Trancas y Barrrancas
La semana pasada fue el cumpleaños de mi marido. No sabía que regalarle y después de tanto pensar y pensar, al final, y cuando ya me daba por vencida, se me iluminó el cerebelo y la idea del regalo surgió de la nada y se hizo realidad.
A Luismi le gusta mucho el programa del Hormiguero y las hormigas Trancas y Barrancas tienen para él un encanto especial. Asi que me dije, pues le voy a hacer una camiseta con las hormigas, seguro que le gusta.
Dicho y hecho, compré las telas para hacer las hormigas y manos a la obra. Lo que más me costó fue conseguir los ojos. Tuve que ir tienda por tienda preguntando si tenían ojos movibles. Vierais el cachondeo de algunos dependientes y dependientas ante la pregunta ¿que tenéis ojos de esos que se mueven?, hubo uno muy cachondo, que moviendo los suyos me dijo, tengo 2 y acto seguido sacó una bolsa con tropecientos ojos de varios tamaños y me dijo: se vende la bolsa entera.
Y aqui las fotos de la camiseta ya terminada. Una en la percha y la otra en la percha original pero sin cabeza pues no queria salir en la foto, asi que le decapité sin ninguna consideración.
Usé 2 pares de ojos que son los que necesitaba, los demás están reposando en un cajón, esperando a que alguien les saque a pasear como en ese minirelato que encontré en la Revista Estrellas Poéticas, Nº 32, que gentilmente me envió Catalina Zentner.
Un minirelato de Joan-Mateu que transcribo a continuación:
Dos hormigas obreras de cabeza negra y fuertes tenazas
estaban conversando dentro del hormiguero mientras iban
amontonando en aquella sala-almacén los víveres que
traían las compañeras. Nunca habían salido del hormiguero
y, en su ignorancia, elucubraban sobre el exterior.
-¿Crees que hay vida fuera del hormiguero?
Por supuesto que no. Somos las únicas habitantes de la tierra.
-¿Tu crees? Ten en cuenta que el exterior es inmenso según me han dicho.
Si, pero no hay nadie ahí afuera, únicamente simientes y no siempre.
-Eso es cierto, pero no pierdo la esperanza de conocerlo algún día.
-A mi no me interesa en absoluto, aquí estamos calentitas y con comida ¿Qué mas se puede pedir?
-Me gustaría tanto poder ver si hay alguna criatura más….
¡Qué va a haber! ¿No ves que eso es imposible?
-Pues no sabes lo que daría por salir aunque fuera un ratito.
Enfrascadas en tal discusión no se apercibieron de la presencia del oso hormiguero que con su larga lengua las sacó a pasear un instante.


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